«ESO QUE LLAMAMOS DEMOCRACIA Y NO LO ES»
El Nobel José Saramago manifestó ayer en Santillana que «caminamos hacia el abismo con una clara conciencia de ello», pero, sobre todo, dedicó su reflexión en voz alta, ante la audiencia de la cita internacional 'Lecciones y maestros', a diseccionar la falacia de «eso que llamamos democracia y no lo es».
El autor de 'Ensayo sobre la ceguera' volvió a abrir los ojos de su mirada crítica para asegurar que «los gobiernos son los comisarios políticos del poder y del sistema económico». Y fue más allá al señalar la profunda contradicción en la que se asienta la democracia: «el mundo lo dirigen organismos que no son democráticos como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial». En su opinión, es preciso «ha-cer algo para aliviar la mala conciencia», puesto que «se presentan tiempos de oscuridad». El pensador portugués, quien dijo ser consciente de que sus palabras pueden «causar escándalo», aunque espera que se traduzca en desafío y «en una invitación a la polémica», aseguró que «es hora de aullar para parar la carrera hacia el abismo». A la democracia, insistió, «la gobiernan poderes no democráticos».
Incertidumbres
Fiel a su pensamiento, coherente con su compromiso ético, siempre lúcido y ácido en sus juicios, Saramago convirtió así la clausura del foro de la Torre don Borja en un latido de incertidumbres con el que propuso un pulso a quienes se aferran a lo acomodaticio y a quienes ignoran o callan ante los desafíos de nuestro tiempo. Sobre ese camino hacia el abismo, el novelista advirtió que «no paramos porque nos prometen que no existe. Pero de una forma u otra hay que parar». La lección del maestro luso nació en «la pregunta más banal del mundo, esa para la que no encuentro respuesta: ¿Qué estoy haciendo yo aquí». Saramago explicó que esta cuestión no aflora con el objetivo de hallar una finalidad a su existencia, «puesto que lo mejor es aceptar la vida que se ha tenido, que también está hecha de rellenos y vacíos», sino desde el convencimiento de que «vivimos con una terrible mala conciencia; sabemos con cada célula de nuestro cuerpo que no deberíamos vivir así, que el mundo es un horror y no nos damos cuenta de que todo eso se puede cambiar». Pero -matizó- «si no cambiamos de vida, no cambiaremos la vida». Un cambio que no está fundamentado en «lo religioso, sino en evitar que el ser humano siga corriendo hacia el abismo».
Previamente, la escritora colombiana Laura Restrepo ya había puesto su palabra certera en un celebrado mosaico que edificó las entrañas de lo humano en el Nobel luso: «con Saramago -apuntó- sucede que el hombre nos da tantos motivos para celebrar como su obra. Armoniosa ecuación la que se produce en este José que escribe como vive y vive como escribe, transformando la ética en estética y viceversa, tan lúcido e íntegro en sus libros como en la vida». En el prólogo a la sesión de esta última jornada del encuentro de Santillana, la vicerrectora de Extensión Universitaria de la Universidad Internacional de Menéndez Pelayo Virginia Maquieira calificó al autor de 'La balsa de piedra' como un «maestro de vida», ensalzó su «maestría en el pensar» y elogió «sus enseñanzas a través de la crítica social, la creación literaria y el compromiso personal».
Saramago dejó sobre la tribuna del foro celebrado hasta ayer en la sede de la Fundación Santillana muchos interrogantes, numerosas llamadas de atención y una nueva incursión humanista, como toda su obra, en los fundamentos de la identidad humana y en su destino. Lo perfiló antes la propia Restrepo cuando aseguró que «el hombre en Saramago sigue siendo el centro de gravedad de todo cuanto existe», mientras que «sus páginas están empa- padas del anhelo, entrañable y real, de sentir de vez en cuando, en algún momento iluminado, la caricia de la felicidad».
Los libros hablan solos
Saramago, a cuya obra estaba dedicada la jornada de clausura de este primer encuentro organizado por la Fundación Santillana y la UIMP, prefirió evitar hablar de literatura pues se mostró convencido que para eso sus libros se bastan y ya «hablan por sí mismos». No obstante, el autor portugués, un ejemplo de ese oficio que consiste en «buscarse a sí mismo y en escarbar en la oscuridad», guardó un lugar para situar a Kafka como la punta del Everest literario o para rechazar esa posición por la cual nos hemos dejado atar demasiado a los géneros. «No hay géneros, dijo Saramago, sino espacios literarios». El autor de 'Todos los nombres', sin escritos ni guión, convirtió su intervención en el foro en una serie de pensamientos críticos que compartió con profesores y autores, después de que Restrepo iluminara los caminos que conducen a la sustancia de sus novelas.
El escritor reflexionó sobre la necesidad de cambiar la vida y cómo hacerlo. Tras preguntarse qué pasa en el mundo, entre escándalos y desafíos, Saramago subrayó que «vivimos en una época en que todo se puede debatir, pero en realidad no es así., Hay un tema, precisó, que no se toca y es fundamental, ese en el que se asientan las bases, los cimientos, la sustancia de las relaciones humanas: la democracia». En este terreno se detuvo para destacar que «vivimos en una plutocracia pues son los ricos los que gobiernan», y señaló que «en una democracia bien entendida el gobierno de las polis debería ser ejercido mayoritariamente por los pobres, porque los pobres son la mayoría, y, por tanto, los ricos estar representados en proporción».
En su discurso, Saramago calificó de vergüenza el descaro con el que la palabra democracia se pasea y utiliza en los medios y en boca de los políticos «sin pararse a pensar si esa palabra, si el significado que se le da es el cierto». Su critica también se destinó a un sistema en el cual «el papel del ciudadano se limita a votar y luego no se le pide más durante cuatro años. Como si fuéramos corderos nos ponemos en fila para introducir un papel que en principio expresa nuestra voluntad, pero que luego se reorienta por el poder según los intereses».
En coherencia con las opiniones y reflexiones expresada en los últimos años no sólo a través de sus obras, sino en tribunas y artículos, Saramago recordó que «estamos llegando al final de una civilización sostenida hasta ahora en unos valores concretos», y auguró que se avecinan «tiempos de oscuridad». Así, advirtió que «el fascismo puede regresar» y llamó la atención sobre «la paradoja de tener una Unión Europea en la que haya un país en el que el pueblo decide elegir un gobierno fascista. ¿Qué vamos a hacer después?», inquirió.
Gritar contra el engaño
El escritor se reafirmó en que «es hora de aullar» y apeló de nuevo a la necesidad de «hacer algo en el sentido de reforzar la conciencia, la voluntad de no dejar que nos engañen. No tenemos que dedicar mucho tiempo para saber, dónde, cómo y cuándo nos están engañando; es preciso no dejar que nos engañen porque el engaño es total; es el rey de la tierra», sentenció.
En la interpretación puramente política, Saramago aseguró que la radiografía que cubre todos los problemas reside claramente en que «la derecha sigue siendo derecha pero la izquierda ha dejado de ser izquierda». De este modo, añadió, «todos los países que tienen gobiernos socialistas en la Europa actual no son realmente socialistas, nada más que poseen gobiernos de partidos que se dicen socialistas».
Para el autor de 'El Evangelio según Jesucristo', «a los ciudadanos les queda otra solución: despreciar a quienes nos gobiernan y nos engañan todos los días». Sin embargo, el Nobel dijo tajante que «si los ciudadanos son como los corderos que ni siquiera pueden balar, si se dejan llevar así y no hacen nada para contrariarlo, se podrá decir: tenemos lo que nos merecemos».
Al ciudadano le "INTERESA" sobremanera la APTITUD del candidato, recientemente MARIANO RAJOY dijo lo siguiente " habría que exigir algo mas que tener 18 años y ser Español para ser PRESIDENTE DEL GOBIERNO"...
Cualquier puesto de responsabilidad Política es asimilable a un puesto de funcionario , dicho funcionario tiene que opositar (lo cual nos garantiza en parte sobre su valía)...¿Porque los Partidos no "seleccionan" con oposiciones incluidas o test, sus candidatos?
Y voy mas allá ...para conducir un coche tenemos que demostrar aptitudes...para votar también nos exigen ciertas aptitudes (no estar recluido en un centro psiquiátrico..ser mayor de 18 años..etc..)...porque no exigir una sencilla prueba tipo "carnet de conducir"...seguro que mejoraríamos en calidad de electores y candidatos."
